Te quiero. Adiós.

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8.20.2012

Una lágrima se está escapando mientras escribo esta misma frase. Ojalá fuera pintor para dibujar la escena. Ojalá fuera escultor para esculpirla. Ojalá fuese cantante para cantarla. Y ojalá fuera valiente para admirar la obra y no llorar como un niño. Nunca se percibe el principio, pero el final te pega en la cara. Es como agarrarla y saber que es la última vez que la vas a agarrar. Acariciarla por última y vez y mirarla por última vez. El último recuerdo es su espalda alejándose y entre nosotros una puerta que cada vez está más cerrada. Y en esta historia no hay "él" ni "ella"; esta es MI historia, y Dorthe es ella. La musa. La eterna musa. La eterna. Cada uno de mis textos están dirigidos a ella. Si alguna vez todo esto fue posible, es porque Dorthe estuvo al otro lado de mis latidos. Ella, Dorthe. Ya podíamos ser dos personas en una ciudad ficticia, desapareciendo ante gotas de agua; ya podíamos ser director y actriz; ya podíamos ser Romeo y Julieta. Porque encontré la forma de ser eternos y perfectos. Y era esta. Estas palabras, estos sitios. Pero nunca fue suficiente, y llegamos más lejos. Nos quisimos como tan solo se puede querer a alguien con la palabra al completo. Nunca imaginé un final. Nunca pensé en ese final. Continuamente nos amenazábamos pensando que ese día llegaría. Y ese día es hoy. Si me preguntáis hace dos años nunca imaginaría que llegaría a tanto con ella. Ni tampoco imaginaría un final, en un sitio tan lúgubre. No hay historias de portales. Es una puta escalera, y una puta puerta. Ojalá hubiera lanzado la llave hacia el más profundo vacío para perderla y así ganarla para siempre. Hasta morir allí y vivir hasta el último segundo con todas las letras que forman la palabra VIVIR. Pero nada de eso es posible. Tantas historias, tantas ficciones y tantos sueños no son siempre la mejor vía de escape, pues se escapan y no hay comodines donde refugiarte. Esta es la verdad, y te está golpeando en la cara. No puedes cubrirte ni puedes pedirle a ningún Dios que detenga el tiempo en esos segundos para hacerlos eternos. El tiempo de segundos eternos y momentos perfectos se acabó. Sus curvas contra mis curvas y su tripa mirando la mía. Se acabó. Dorthe Fast Rasmussen, mi musa. Preguntadme algún día dentro de mil años si alguna vez amé a alguien, y mi respuesta será la misma que la de hoy. Dorthe Fast Rasmussen. Y ya podréis decirme "eh, pero también estuvo aquella otra chica, y aquella otra!", pero una mierda, no hubo ninguna más. Fue ella desde el segundo "Hola", hasta el segundo del último aliento. Si es que existe. Si es que no nos escapamos siendo almas perfectas. Burlar a la muerte, al cielo y al infierno, y construir nuestro propio edén. Sí, siempre lo soñamos. En tus viajes, en tus postales... en tus Te quiero. Cuando nos alejábamos por días, por semanas, y por meses. Por milímetros, metros, kilómetros y miles de kilómetros. Siempre soñándonos eternos, en un continuo NO final. Y ahora, ¿qué? Dónde quedamos. En ninguna parte. La Nada. Oh sí, la Nada. Mencionada en muchos textos por mí y ninguno entendíais una mierda. La Nada es ese lugar al que nos transportábamos cuando nada nos preocupaba, y solo eramos ella y yo sobre una cama. Eso era la Nada. ¿Acaso pensabais que usaba las mayúsculas como me daba la gana? No. El Solo contigo. Todo, era todo. Su pelo, sus mejillas, sus manos y sus jodidas piernas. Era la perfección, todo lo que podía imaginar. Su sonrisa, sus ojos y su forma de mirarme. Era un continuo amor fluido por cada uno de nuestros gestos. Era un "Hey tú, estoy aquí". Eramos uno siendo dos. Y pocos entenderéis una mierda de estas palabras si vivís días de autoengaño. Ella, era mi amor, es mi amor, y será mi amor. Me engañaré, creeré que no, que nunca hubo este tiempo y nunca llegué a sentir que podría crear el mundo entero si ella me lo pidiese. Pero siempre será así. Dorthe Fast Rasmussen, mi vida, mis sueños. Cualquier habitación se comprime hasta ahogarme cuando ella no estaba allí para ensanchar cualquier muro.

Cerré la puerta, teniendo como última imagen su espalda alejándose. Y bajé las escaleras, solo, llorando. Descendí cada uno de los escalones que desciendo cada día, y a cada paso que daba notaba el mundo que se alejaba de mí. Caminé por pasillos y llegué a la magia, que ahora tan solo es mierda. Una habitación rebosante de un amor muerto. No podía estar ahí, y salí. Salí a la calle, y caminé sobre los pasos que ella había firmado minutos antes, arrastrándome por calles repletas de árboles que aún sin ser sauces se le asemejan. Las calles tienen sus farolas apagadas, nunca había ocurrido, pero hoy me esperaba cualquier cosa. Me miran los ojos desconocidos y se topan contra una imagen de mí bastante fiel a la realidad. Lágrimas en mis ojos y la boca que no se mantiene en su sitio. Y es que quiero que uno de esos desconocidos se acerque a mí y me diga "Hey, tranquilo", pero ninguno lo hace. Y es el momento en el que más necesito a la humanidad para no irme abajo. Pero nadie le echa huevos y se acerca. Y continúo caminando por calles repletas que me miran y se extrañan, y quizás uno de aquellos ilusos sienta lástima por mí y sienta ese impulso de acercarse y no hacerlo. Pero no lo sé. Jamás volveré a pisar estas calles contigo al otro lado de mi mano. Y es que es terrible. Entro a esta habitación, mi cuarto. Carente de decoración y pocos objetos más que una silla, un ordenador y una cama. "-Sí, ya. -Ahí". Eran cosas nuestras. La misma cama donde la besé por primera vez, y por última vez. Donde imaginé todo y lo hice realidad. Ahora no es más que una cama carente de dueño. Que me tumbo encima y me dice "¿qué coño haces aquí?". No puedo tumbarme en ella, no. Y ojalá me hubieran salido unas palabras en aquel final, pero era imposible. Se hacía demasiado duro el saber que eran los últimos segundos. Y menos mal que no hubo una escena de llantos, no habría podido.

Todas las palabras son pocas para decir qué siento ahora mismo. No he aprendido una mierda de escribir para poder decir lo que quiero. Quizás no existen las palabras adecuadas para describir un sentimiento así. No es tristeza, no es anhelo, no es dolor. Es algo que va más allá de todo eso y me atraviesa una y otra vez. A mis manos tecleando, a mis pensamientos y a mi corazón. En un continuo vaivén destroza vidas. Y ya podéis imaginaros una décima parte de lo que estoy sintiendo ahora si habéis tenido el coraje de leer todas estas frases. Pero es que siento que necesito escupir todo lo que lleve dentro. Y llamadme estúpido cuando os diga que imagino el futuro con ella. Envejecer a su lado y tener hijos de nuestra carne. Que sí, que en el momento en el que todo eso se ve más lejos, soy capaz de imaginar algo así y sonreír. Llamadme loco, no estúpido. Llamadme estúpido porque piense que no va a haber jamás ningún amor como el que sentí hacia ella. Y llamadme loco. La quiero, joder. Entendedme. Mis 16 y 17 han sido con la imagen de ella en mi cabeza cada uno de esos días. Y mis 0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15, pues imaginaba con los amores de la literatura, aquellos que duran por siglos y siglos, y pensé en encontrarlo alguna vez y ya llegó con los 16. Te imaginaba incluso antes de conocerte. Y serán los sientes números a partir del 17 en los que estés en mi cabeza. Hasta que este cuerpo aguante, para pasar a otro y volver a quererte desde el 0. Me da igual quien sepa de este texto, y lo que pueda decirme. Siento cada una de estas cosas y quiero que cualquiera las sepa. Si ya se puede decir "ese es simpático" o "ese es un cabron", podrán decir de mí "eh, ese es el que quería a Dorthe hasta morir". Pues acertarán de lleno y no dejarán nada a la imaginación. La verdad. Como la viva imagen de ella alejándose que me golpea una y otra vez. ¿Por qué no vienen los buenos recuerdos? ¿Por qué solo me centro en la despedida y no en no haber sabido llevarla? Todo esto casi puede conmigo. Porque he conseguido autodestruirme hasta el punto en que siempre quede algún por ciento que no muera. Y sé que si no me hubiera hecho más fuerte durante todos estos meses ahora mismo estaría planteándome el saltar por mi ventana. Porque no hay quien aguante esta mierda. El saber que su sonrisa se ha teletransportado miles y miles de kilómetros a otros lugares donde ojalá sepan apreciarla tanto como lo hacia yo me mata. Los onces. 11. Los miles de onces por todas partes. Las señales de que estábamos ahí pensando en el otro. En cualquier pared. En cualquier lugar. Siempre, un 11. Y pensaréis que es alguna fecha. Pues no. 11 significa te quiero, y viene derivado de una llamada de teléfono de hace muchísimo tiempo. A partir de ahí supimos que algo se nos venía encima. Y mira si pesa que no me lo puedo quitar de encima.

No hay más palabras que pueda escupir. Bueno, si las hay, pero creo que desgastaría el teclado hasta poder ver realizado ese deseo. Así no más, cierro definitivamente este blog, que un día rebosó amor, otro desamor, pero nunca una despedida. Esta es mi despedida. De ti, y de mí. Ojalá vuelva algún día dentro de muchos años diciendo, "lo logré, vuelvo a estar con ella". Pero parece casi imposible aunque sé que jamás la olvidaré, y que jamás me olvidará; y el sentimiento que nos une, seguirá ahí. Y entonces sabremos, que somos eternos.

22 de Abril.

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4.23.2012

Muchos de nuestros textos hablan de noches como la de ayer... pfu en serio, creo que fue uno de nuestros momentos más perfectos, el sentirte... me estremezco con recordar tu cuerpo entre mis manos, rozar tu piel y erizar tu vello, que me miraras sin verme, que el tiempo corría y nosotros parados, sin importarnos nada... Ese "te quiero" mientras cerrabas la puerta. ¿Y cómo pretendo que el día de hoy sea como todos los demás con tu recuerdo en mi mente?

Guerra por la Paz

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2.01.2012

 - ¿Dónde vamos?
 - A la undécima planta.
 - Pero si tan solo hay diez...
 - Nosotros la construiremos.


Después de que la metalizada puerta de aquel ascensor se hubo abierto al completo, ambos pudieron contemplar un rellano nunca antes edificado; y en él, una sola puerta. Consumida por el olvido y la pretérita nostalgia que ahora yacía una planta más abajo. "Entremos" - dice ella. 

Aquel portazo dio la señal de que la batalla había comenzado. Una batalla más, de una guerra interminable; pero ahora ella iba más cargada de amor que nunca; y él, apenas contaba ya con un ejército y tan solo quédose con los más fuertes, habiendo dejado atrás los demás soldados. Tales como Miedo, Soledad, Desesperación... entre otros. Y, tratábase de una guerra en la que ya no importaba vencedor o vencido, tan solo el placer de pelear por unas horas y arrastrar tu vida a la encarnizada; y, todo lo que sucediera después, carecería de importancia.

Así pues, en cuanto la chica se hubo preparado para la consecuente, ambos se fundieron en el primer ataque; dejando petrificado el tiempo por tan solo unos segundos que más tarde quedarían reducidos a un recuerdo cada vez más deformado. Los golpes se sucedieron sin ningún tipo de preámbulo; y ellos se vieron presos una vez más de las garras de aquel caprichoso destino. Ella le arrastró hacia el suelo, el que ahora se conforma como el atrezo de aquel escenario, de aquella función, en la que nunca había público; pero siempre estaban todas las entradas vendidas. Actuaron desconociendo el guión del otro intérprete. Improvisaron. Se revolcaron sobre el frío suelo con sus ardientes cuerpos y ningún frío traspasó sus pieles.
La piel de ella. En la que su olor forma la atmósfera perfecta para vivir en ella. En la que él deseó perderse atravesando cada milímetro que se dispusiera como un camino y no pensar en llegar a lugar alguno, sino en la trayectoria. Y es su piel en la que se devolvió aquella batalla. Piel con la que él sueña. Su edén.

Al día siguiente no hubo más que un combatiente en el lugar; permaneciendo expectante al lugar en el que horas atrás se había desenvuelto aquella carnicería. Nada importa ya. Y la bandera blanca, enterrada. Con las sábanas aún con la silueta de sus cuerpos; conservando el calor de ellos. El calor de su amor.

Cerrado por vacaciones

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11.12.2011

Desde hace varios días tengo la sensación de no querer seguir escribiendo más en el blog. De no seguir inventando historias, y de no seguir plasmando algunos de mis sentimientos más visibles aquí. Alejarme de todo este mundillo que tantas alegrías y penas me ha dado en todo este tiempo. Y es que, mi inspiración tiene un límite. Tengo la sensación de que todas las cosas que quise decir, ya están dichas; y no quedan más por decir. Y es que siempre pensaba que lo que tenía que decir, o pensar, era infinito. Y por eso nunca me aterró la idea de dejar de publicar aquí. Pero últimamente siento que no tengo ganas de decir más nada. Dejar que todo siga su curso y que las palabras se formen solas en el aire, y no en papel.
Cada día entro a blogger, y miro las entradas nuevas que vais publicando día a día. Y sigo mirándolas esperando que alguien mencione algo que me haga estremecer en este sillón; y que me empuje a salir a la calle con una sonrisa. Pero las mismas palabras que pueden causarme esa sensación de vuelo, pueden propiciar también una situación de angustia, y decepción. Entonces, ¿qué?

La Reina de Cristal (1.era parte)

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11.10.2011



La historia que voy a contar trata, como no, de unos enamorados. No será la típica historia fácil, por supuesto que no, ¿qué emoción tendría? Como en el amor, la historia es de lo más complicada, y rozará la locura. Una locura que llega a estar enferma, y a ser centro. Centro del ser. Ser tan centro que abarca extremos. Procedo, sin más, a narrárosla tal y como salió de mí.




Un naufragio. Océano Ártico. Lo que era llamado barco se encuentra totalmente desquebrajado, y sus tripulantes, miembros de la alta nobleza acompañados de sus correspondientes súbditos buscan el que sería su antídoto al veneno, algún apoyo. Nada podría haberse hecho aunque kilos de ese antídoto hubieran aflorado a superficie, pues las gélidas aguas de aquel lugar pronto causarían letales hipotermias causando la tan suplicada por algunos muerte. Decenas desearon no realizar travesía; pero todos ellos quedaron enmudecidos ante las peticiones de una dama. La Reina. Amante del frío, enamorada del océano. Ansiosa de surcar el mundo en busca de los rincones que aparecen en sueños y dudamos de su existencia. Y es esta, debido quizás a su interés por esta belleza hecha agua, la que tuvo un destino un tanto distinto al del resto de la tripulación. Fue a parar a la zona más profunda y a la vez más iluminada por aquellos rayos que se filtraban anhelando tocar tierra. Rayos que iluminaban aquella parte desde hacía siglos, pareciendo esperar que aquella figura se perpetuase allí. Y fue cuando esta dama alcanzó lo más profundo, deteniendo así su marcha y ya sus latidos bombeando en menor velocidad, aunque nunca llegando a dejar el latir, que comenzó un proceso distinto al de todos los cadáveres que se encontraban en aquel momento compartiendo dolor. Y es que, la dama, comenzó a solidificarse. Todo su cuerpo se heló en cuestión de segundos, haciendo parecer obra de maldito hechizo. Y en cuestión de éstos ya tenía sus brazos duros, junto a sus mejillas y todo su cuerpo. Reflejando sobre su superficie a los cientos de muertos, quedó nombrada, por fantasiosos conocedores de la historia, como La Reina de Cristal.

Pre~

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10.29.2011

Lo has vuelto a conseguir.
Has vuelto a crear en mi esa sensación que meses atrás sufría justo antes de saber que te iba a ver. Una sensación de nervios que encoge mi estómago, y me evita comer. Una sensación de que todo mi cuerpo se prepara para estar junto al tuyo; y de que mi cerebro comienza a pensar en qué voy a decirte, o qué voy a hacer. Intentar medir cada palabra para que todo salga bien y no parecer un idiota frente a ti.
Esa sensación de saber que estás viniendo ya, y que tan solo debo esperar al toque que me haga abrirte, y juntos atravesar la puerta de mi dormitorio, como tantas veces la cruzamos antes. Y una vez dentro, rodearte con mis brazos. Y entonces saber, que esas dos almas que se escaparon juntas, esas dos gotas de agua disolviéndose en la Ciudad de los Sueños, ese caballero, y esa princesa atrapada... están juntas en la misma habitación. Ya basta de cientos de sueños con esta escena. La escena es ahora, y es realidad.
Lo has vuelto a conseguir.

Cuentos de castillos sin dragones

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10.28.2011

El silencio reinaba, como era ya habitual, en el dormitorio donde se encuentra presa. Mirando algún punto perdido de lo que es su cielo sin estrellas, mata a este silencio con los gritos de sus pensamientos. Aprieta los labios con dureza, haciendo parecer, desde el exterior, que está tomando una importante decisión.  
Un mito la mantenía presa en su propio castillo. Ninguna fuerza, dragón, o ser superior impedían la marcha de lo que era su celda. Siempre pudo abandonar el castillo, para recorrer el mundo y vivir lo que serían las aventuras de los cuentos, repletas de momentos para el recuerdo y vivencias dignas de diario con anillas. Pero nunca se atrevió a cruzar la puerta. Pues años atrás había encontrado un libro, en los estantes de su vieja librería, que profería algún tipo de leyenda, en parte, maldita. Y es que, entre las líneas de aquel gran libro de tapa dura, se encontraba un mensaje que marcaría por siempre el rumbo de nuestra protagonista; haciéndola vivir en su propia desgracia. "Las puertas hacia tu mundo están abiertas -decía- puedes salir cuando desees. Pero el mundo que se cierne más allá de aquellas colinas no es el mundo con el que sueñas. Tan solo encontrarás el mundo de tus sueños cuando esa puerta no seas tú la que la abra, sino tu apuesto príncipe. Entonces encontrarás todo lo que soñaste en él." 


Días que se antojaron años. Y horas que se antojaron lustros.
Nuevamente en aquella posición de reposo se encontraba, y con sus habituales pensamientos surcando el mar de su mente. Esperando, así, a su príncipe. Nunca se sintió la princesa nombrada por cuentos, y mucho menos tuvo la necesidad de un príncipe, y aún menos sintió que debía ser rescatada; pero su mundo estaba menguando, y tan solo le quedaban aquellas palabras en viejo papel. Palabras por las que soñaría cada una de las noches en su dormitorio, y palabras por las que habría matado para saber si eran tan ciertas como su dolor. Pero no podía hallar respuesta. Tan solo el tiempo, muerte lenta e irreversible, darían su respuesta.

Pero entonces, tras un espacio de tiempo que ni ella era capaz ya de medir, algo cambió en la mentalidad de la princesa. Ahogada en sus angustias, cansada del insípido presente, y queriendo leer el final del libro aún yendo por la mitad, decide emprender su camino hacia el exterior. Sabía que no era ella la que debía hacer ceder aquella puerta, pero su príncipe era tan lento como los segundos en soledad. Y sin coger nada, y con pasos firmes y manos temblorosas, se acercó hacia la puerta.

Un simple empujón fue suficiente para hacer que aquella gran puerta de visagras negras cediera, haciendo entrar así, en lo que era su "mundo" un poco de luz. Aquel segundo bastó, para que la chica imaginase que lo que profería aquel libro era falso, y que todas aquellas aventuras podría vivirlas sin la necesidad de aquella estúpida espera. Ante ella vislumbraba una verde colina, y árboles en su cima. Cielo azul, y flores preciosas firmaban el escenario a los pies de ella. Entonces miró hacia la derecha, junto a los muros de su castillo. Y a no más de dos metros de aquella puerta, se encontraba la figura de un hombre envuelto en pesadas cotas. Su casco de metal reposaba en el suelo, junto a su espada y escudo, y aún más en la lejanía era visible un caballo que corría libre por aquellos campos. Escrito sobre el torso de la armadura, con tinta negra, un número. La princesa, extrañada, le mira inquietamente, sin apartar la mirada de sus ojos. Él responde su mirada, y de su boca surge curvatura a la par que sus ojos se dirigían hacia el suelo, y su cuerpo entero se disponía a levantarse de aquel verde. Él se acerca a ella, aún con aquella pícara sonrisa, como si supiera que estaba pasando; todo lo contrario de ella. Entonces ella comienza a hablar:

 - ¿Eres tú el príncipe por el que mi vida quedó reducida paulatinamente a una incierta espera en lo alto de mi castillo, por el que coarté toda mi vida en su tardía llegada, y que ahora se encuentra recto y burlón ante mí? ¿Por el que debía suspirar a cada segundo que pasaba deseando que llegase para librarme de mis males imaginarios producidos por la soledad fría de mi castillo? ¿Eres tú aquel que debía atravesar la puerta de mi dormitorio, extender su abrazo acabado en dedos extendidos hacia mí, invitando a fundir nuestras manos en una sola y con el que viviría cien mil aventuras?

Asiente él.
 - ¡¿Y por qué descabellada razón - continúa ella - me encuentro al motivo de mis males esperando tumbado junto a mi puerta, disfrutando de la paz del verde mundo y con su caballo corriendo por mis tierras, en vez de abrir apresuradamente fácil puerta y llevarme con él?!

 - ¿Y por qué no me fuiste a buscar vos, mi señora?
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10.26.2011

Romper con esquemas.

Hacía ya un par de días que quería escribir algo así. Una entrada para reflexionar; tanto yo, como algunos de vosotros. Y es que esto es un poco como... el típico capítulo de recopilación al final de temporada, y cosas así, que tanto odias a veces, pero al fin y al cabo sonríes. Necesito desahogarme un poco aquí, y violar el espacio tan sagrado en escribir algunos de los pensamientos que me llevan rondando la cabeza estos días, y en especial, hoy.

#Este es tu punto.

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10.24.2011

[...]
Porque aún nos...
Quedan cientos de árboles en los que tallar nuestros nombres.
Y cientos de corazones haciendo barrera entre ellos.
Quedan cientos de farolas por alumbrarnos en la oscura noche.
A pesar de que iluminamos más que estrellas.
Quedan cientos de caminos por recorrer.
En los que ladeamos nuestros brazos esperando aquel choque de manos con su correspondiente latido. 
Quedan cientos de roces de mejillas, roces de narices, roces de pestañas.
Y choques de labios.
Quedan cientos de momentos en que cuatro de mis dedos se filtran a través de cabellos tras tu oreja. 
Mientras mi dedo pulgar acaricia tu ruborizada mejilla. 
Quedan cientos de bocanadas de aire por coger, y cientos de exhalaciones.
Robando el poco aire que hay entre nosotros.
Quedan cientos de parpadeos a destiempo.
Y a milímetros.
Quedan cientos de momentos en que su olor recubra toda mi ropa y piel. 
Y cuando no esté, me siga acompañando hasta en sueños.
Quedan cientos de vuelcos de corazón por un susurro.
Susurros prohibidos entre sábanas.
Quedan cientos de momentos en que hablas, y te quedas sin palabras al contemplarla hacer un gesto.
Donde 'hacer un gesto' se podría simplemente sustituir 'saber que te está mirando'. 
Quedan cientos de esperas al toque que me haga bajar hasta mi portal, y la vea a través de cristal esperarme.
Ya sonriendo incluso antes de verme bajar.
Quedan cientos de mensajes en la madrugada, diciendo simplemente te echo de menos buenas noches. 
Y mi corazón se acelere al vibrar el móvil.
Quedan cientos de largas esperas hasta que pueda escribir un "mmm hey".
Pero que volverán a estar en tu pantalla.
Quedan cientos de lágrimas que echar por sentimientos escritos.
Y quedan cientos de escritos como este haciendo que vuelvas a latir.
Quedan cientos de textos por releer y recordar.
Y volver a suspirar por ellos.
Quedan cientos de temblores en manos y brazos al sostenerte entre ellos.
Y cientos de frases entre pequeñas risas diciendo "tiemblas".
Quedan cientos de manos esperando a posarse en el corazón del otro.
Y cientos de susurros diciendo "qué rápido".

Condena escrita sobre azul

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10.20.2011

1927.

La noche había vencido una vez más al día en la tan habitual guerra de desgaste, y ahora un manto oscuro y de espesa nieve culminaba hasta las más derruidas tejas de un pueblo hasta esta noche desconocido por el resto del mundo. Era un pueblo pequeño y casi todos sus habitantes eran conocidos y criticados entre sí por una comunidad no abierta a cambios. Poesía y demás textos literarios estaban llevándose a cabo por una de las promesas, ya consagrada, más jóvenes de todo el país. Oyentes analfabetos reuníanse en tardes de sobremesa en torno a falsos juglares en las pedregosas calles del pueblo. Escuchaban cada uno de los textos escritos por el joven, y recitados por otra persona. Se sumían en los mundos soñados por él, y deleitaba en cortos espacios de tiempo de nuevas aventuras de valientes soldados y criaturas fantasiosas que ni el más pequeño de los niños del lugar era capaz de imaginar. Poco se tardó en correr el rumor por pueblos de que alguien estaba haciendo algo así. Y aún menos tardó en llegar a oídos del Rey. Éste, intento de escritor, más frustrado que intento, no tardó en resaltar sus achares hacia él, y condenó con pena de muerte a la persona que escribiera alguna historia en el pueblo, prohibiendo así toda publicación de nuevas obras; refiriéndose de esta manera únicamente a nuestra joven promesa. El pueblo, indignado, rebatió la absurda ley y manifestáronse en calles al son de fuertes gritos e insultos. Nada pudo hacerse ya.

El piano

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10.09.2011

Entre torpes zancadas atraviesa la habitación, saboreando ya el destino. Desde sus primeros pasos, aún en la cocina, era capaz de percibir aquellas notas que flotaban por toda la casa, produciendo en corazones la tan inspirada calma que mentes extrañan. Entonces se alejaría de las verticales piernas de su madre para emprender marcha hacia las escaleras, paso intermedio entre cocina y habitación. Ella, exclamaría su nombre en voz alta, prohibiéndole, como era tan habitual, correr por casa. Pero él no escucha otra cosa más que aquellas notas de piano.
Sus cortas piernas subirían temblorosas la crujiente escalera de madera. Con los ojos repletos de lágrimas pisotearía la que era la alfombra gris preferida de mamá, y la cruzaría en cuestión de segundos. Entonces un leve empujón bastaría para que la puerta cediera, no sin antes proferir un sonido similar en magnitud al de la escalera, y entonces, entre torpes zancadas atravesaría la habitación. Un gran piano de cola se encontraría allí.

Dueños de aquel negro piano son unas ancianas manos, que tocan las teclas como si de una persona se tratase; la más dulce que jamás habrían tocado aquellas. Siente la música, pero siente más. Siente a esa mujer contándole historias entre las líneas de aquellos pentagramas. Él solo sabe que debe continuar tocando para que aquella musa le siga narrando, y así hace. Suele cerrar los ojos para ayudar a imaginar que ella se encuentra realmente en aquellas notas, y que él la está llamando. Quizás tan solo sean los delirios de un viejo obsesionado con su música, o quizás sean las teclas que debe tocar para captar su atención.

El chico de cinco años ya se encuentra tras él, escuchándole. Para el joven probablemente aquellos pensamientos del anciano son impensables, y simplemente aprecia el trabajo de su aún absorto abuelo. Se acerca y decide ocupar el espacio libre de aquella polvorienta banqueta. Entonces, aquellas notas van perdiendo intensidad, hasta volver a encontrar el silencio en la casa. El joven comienza a hablar:

 - ¿Algún día me ensañarás a tocar como tú, abuelo?
 - Todos pueden enseñarte algo tan simple como presionar un mecanismo y hacerlo sonar. Eres tan solo tú el    único capaz de enseñarte a transmitir lo que realmente quieras transmitir.

Entonces el chico posa sus manos sobre la musa, pero en su caso, no hay musa; tan solo son teclas de un viejo piano. Comienza a presionarlas, consiguiendo una música tan poco perfecta como los torpes pasos que anunciaron su llegada a la habitación. De su boca comienzan a surgir los tan habituales gestos de esfuerzo y pesimismo que tantas veces habría provocado aquel instrumento. Apartaría bruscamente sus manos de aquellas piezas, y resoplaría sonoramente.

 - Quizás aún no tienes qué transmitir. Busca tu motivo para tocar, y entonces vuelve aquí, tan rápido como lo has hecho minutos antes, e inténtalo de nuevo. Puede que no suene bien, pero esa vez tendrás algo que decir a través de esto. A veces vengo aquí para tocar, y algunas veces me limito a mirarlo hasta pensar en las historias escondidas en la profundidad de su madera. En el momento en que sepas transmitir a los demás lo que te produce este piano, serás un pianista.

El chico volvió a colocar sus manos en el teclado, esta vez tenía un motivo. Tal y como había hecho antes, comenzó a presionar las teclas. Aparentemente parecía que el gesto era el mismo, pero hubo un pequeño matiz: sus ojos se cerraron. Las horas pasaron, y continúo tocando sin importar nada más. Cuidó cada tecla presionada como si fuese la última, buscando la sensación perfecta en cada momento. Aquel pensamiento se grabó en su mente, y gracias a él busco la perfección en cada nuevo movimiento.

Largos años sucedieron en aquella habitación y aquel chico de ocho años ya era un hombre de treinta y tantos. Su amor hacia la música y su gran progreso fue tal, que el "no quedan" resonaba en las bocas de las personas que aún guardaban cola en los mejores teatros de los países a los que acudía. En cientos de periódicos hablaban de él como el mejor pianista del mundo, a pesar de que cientos superaban su técnica. Pero había algo que jamás superaría a ese virtuosismo: aquellos ojos cerrados.

25 de ago. 13:15

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Siento que te debo miles de palabras por no haber estado ayer, que una sola noche me quita momentos contigo, aunque sea estando aquí sentada, en mi cama, con el portátil sobre mis rodillas, y mis manos sobre el teclado. Que aunque solo me salga decirte "mmm" o "cuéntame algo", sé que estas allí, como yo, mirando la pantalla a ver si se nos ocurre algo que decir, algo que nos llene de pensamientos, de emociones, leernos hasta cansarnos, como hacíamos antes. Y lo echo de menos, quiero rayarme contigo escribiendo, no todas esas tonterías que decimos, quiero saber lo que piensas, meterme en tu cabeza y ver tu mundo. Siento que hace una eternidad que no soy consciente de lo que piensas, y aunque me conformo con tus sonrisas, y con tus ruiditos, sé que podemos llegar a más, que no estamos en la superficie con los demás, llegamos por encima. Decimos que tenemos todo el tiempo del mundo, pero estoy cambiando de idea, nadie tiene todo el tiempo del mundo, porque todo tiene un fin, no digo que esto lo sea, pero quiero aprovechar cada momento contigo...
mmmm... y se me acabaron las palabras, ya tu sabes, mis pensamientos tienen un límite. xdd.
buenos días :) <3
No puedes ver las fotos de ella.

Last - Room

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10.02.2011

Una habitación perdida en la inmensidad de la nada. Dos personas en ella. Los habituales objetos que caracterizan cualquier habitación de cualquier chico de ciudad, solo que con dos camas. Él permanece en la suya, sintiendo como el tiempo se congeló y la esfera dejó de girar. Un Mundo sinónimo de presión, constancia de ritmo y generación de nuevos problemas detenido ante los sentimientos de él, que lucharon por crear esta escena y conservarla en cualquier libro de fantasía. Nunca antes se había premeditado tanto un plan como aquel, y aún recuerda cómo organizó todo las tardes anteriores; creando así un perfecto guión sobre su acontecimiento aún sin saber la certeza de éste. Mientras la voz de ella permanece en continua expansión y chocando contra las expectantes paredes de aquel cuarto, la mano de él comienza a temblar; ni el intenso agarre producido por su segunda mano es capaz de calmar ahora a esta fiera sin control.

Suceden los minutos en la habitación perdida. Ellos ya permanecen tumbados en sus respectivas camas, mirando algún punto inespecifico de lo que es ahora su cielo, mientras continúan el intercambio de tan ansiadas palabras. Entonces sucede algo. Un impulso. Ella continúa hablando de algún tema el cual el chico dejó de prestar atención hace tiempo, pues es ahora aquel impulso el centro de atención de él, y debe saciarlo, sin importar guiones y esquemas premeditados. Y entonces, se incorpora un poco en aquella cama, y dirige una fija mirada hacia ella, que comienza mirarle sin dejar de hablar. A pesar de que seguía diciendo aquellas cosas, cada vez más carentes de sentido, en sus ojos quedaba reflejado el impulso del chico, que también era latente en el interior de ella. Entonces, mientras seguía con su eterno discurso, él acerca rápidamente su cabeza a la de ella, y ella, sin parar de hablar, imita su gesto. Encontrándose así en aquel espacio comprendido entre las dos camas. En la cabeza de él no para de retumbar el pensamiento de ceñirse a su puto esquema, ahora ya, carente de sentido. Entonces siente un sabor, jamás antes percibido, que le da vida. Sus ojos, a pesar de cerrados, comienzan a esbozar lágrimas. Y es tan solo en esta mínima abertura entre pestañas, donde estas líquidas encuentran salvación, y posteriormente se deslizan por esas grietas invisibles de las mejillas. Entonces aleja su cabeza unos centímetros de ella, y, aún con aquel sabor en los labios, se percata de que lo que comenzaron siendo dos lágrimas, ahora son océanos que se expanden por su ya empapada almohada.

4th Dimension

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Decides salir a la hora que no alcanzan los relojes. El camino sigue siendo el mismo, pero esta vez hay nuevos matices. Y esta vez no hay una sola luz que haga de faro; cientos de luces iluminan tu cielo. Y estás solo. Nadie quiere interponerse en tu camino, y todos buscaron refugio en sus casas. Quieren que disfrutes este nuevo momento; único, e irrepetible. Con cada nuevo paso inhalas un aire distinto, todos puros y limpios. Los árboles, colmados de recuerdos, mecen sus hojas frente a un amigable viento. Hojas que lucharon por seguir aferradas, y troncos que vieron firmas de jóvenes tallar sobre sí enmarcadas en imperfectos corazones. Entre tus pasos, piezas de los cientos de puzzles que jamás se construyeron, y aún esperan ansiosas ser resueltas; pero ya no importan. Las apartas suavemente, porque aunque no vas a hacer aquellos rompecabezas, tampoco quieres apartarlos por completo; dejarlos para algún día, manteniendo aún sus enigmas y secretos. El ruido de las olas del mar se filtra a través de innumerables calles, llegando hasta tus oídos. Y entonces sientes aquellas olas por tus brazos, simulando caricias; las que no obtuviste. Y te das cuenta de que la Naturaleza se tornó en este día para ti, mostrando su cara mitológica y extraordinaria.

Y entonces llegas a ese destino. El tan repetido. El que siempre alcanzas, y nunca mencionas en voz alta. Pero lo piensas. Y sabes que todos lo piensan, pero nadie quiere decir lo evidente. Y entonces, sabes que estás donde debías estar y que este, es tu mejor momento.

Caos con corbata

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9.26.2011

Todos amamos nuestra tranquilidad. Que todo permanezca en un orden, y que nada altere nuestro entorno, para no desequilibrarnos. Tememos estar en esa cuerda floja, donde podemos caer en cualquier momento; y alcanzamos un nivel en el que desconocemos la altura a la que nos encontramos. Tan solo sabemos eso, que estamos en esa cuerda perpetua. Cualquier nueva adversidad adoptará la forma etérea de aire para derribarnos cual mazo de naipes en pirámide.

Y es que si nos dieran la opción, más de uno elegiría firmar un contrato donde quedara registrado en las condiciones nuestra Paz durante un determinado. Un espacio de tiempo comprendido en el que no suceda nada; ni bueno, ni malo. Tan acostumbrados a los palos que firmaríamos nuestra propia rutina con tal de no sufrir más, pues poco es el bien que vimos. Y entonces te tienden ese papel. Ese contrato de monotonía y normalidad que tan algunas veces ansías. Pero, no pienses que todo acabó al poner tus iniciales. No. ¿Acaso leíste la letra pequeña?

El puerto

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9.19.2011

 - Shepard, Billy Shepard.

Esas son mis últimas palabras hasta que el tipo que fingía ser mi socio me introducía violentamente en la parte trasera del coche. Mi amigo, Artie, entró tranquilamente y sin ayuda de nadie por la otra puerta. Finge estar tranquilo, cuando se le pueden escuchar los latidos desde la otra calle. Y es en el momento en el que mis pies pisan firmemente la moqueta grasienta cuando pienso en las últimas tardes en el piso de Artie.


Guiños

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9.14.2011

Y es que ahora todo gira en torno a lo mismo. Época en la que soy el único, y ahora, cuando me opongo a mí mismo, e incluso me contradigo, todos se ponen de acuerdo.


‎"Una de las lecciones más tristes de la historia es ésta: si se está sometido a un engaño demasiado tiempo, se tiende a rechazar cualquier prueba de que es un engaño. Encontrar la verdad deja de interesarnos. El engaño nos ha engullido.
Simplemente, es demasiado doloroso reconocer, incluso ante nosotros mismos, que hemos caído en el engaño. En cuanto se da poder a un charlatán sobre uno mismo, casi nunca se puede recuperar." 

- Carl Sagan, fragmento de El Mundo y Sus Demonios.

Crees en el destino. En cosas que están porque tienen que estar. Cosas que una vez te acercaron, pero ahora intentan alejarte. ¿Por qué? Creo en esas cosas que son originadas por el azar. Y no digo que sea "casualidad", si no que es así, porque así está destinado.

Puedo hacerme una pequeña idea de la señal que me intentas dar. Pero no. Como dice el tipo de allí arriba, "el engaño nos ha engullido". Prefiero vivir engañado. Ser un bobo más que observa mientras su baba se desliza por la comisura de los labios. Caminar por la calle y taparme los ojos ante cualquier adversidad. Hincar mis rodillas sobre mi pecho cuando pienso que algo va mal, e intentar volver a mí. Ir a la tienda más cercana, comprar fuertes correas de cuero y envolver el corazón con ellas.

Escribo a pesar de saber que esto destruye una parte de mí, y alimenta otra. La parte destruida, me aleja de mí; y la alimentada se hace más fuerte, alejándome a su vez de ti. Y es por eso que temo este texto, mis palabras escritas originadas por esos pensamientos destructores. Cambiar el punto de vista de una persona es algo que he deseado hacer desde siempre. Hacer ver el mundo con otros ojos, pensar de manera distinta. A veces tienes que decir: "Sí, es así, lo has conseguido, ahora céntrate en tu recompensa. Es tuya, y el Mundo de fuera no te merece, vales más." Y otras veces debes decir: "La vida es corta. Lucharás por tus futuros fracasos. Intentarás amar a pesar de no ser amado. Y morirás solo, pensando en una persona que con suerte recuerda tus iniciales." Y da gracias.

¿Y ahora vas a llorar? ¿Qué piensas? ¿Qué esas lágrimas harán que el engaño pasado vuelva a florecer para volver a vivir en tu falsa realidad? Está bien. Llora hoy, y olvida tus lágrimas mañana. Porque, nuevamente, lo has conseguido.

*Donoso, gracias.

La estación

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9.09.2011

[...] Permanecen en el recinto de la casa del amigo, donde está la piscina y los niños aún aprovechan sus últimos días de verano entre zambullidas. La noche fue larga, pero dejó paso al mejor día. No caminan por el lado de portales; no, no quieren ser vistos; sino por la zona reservada para coches. Caminan por la carretera trasera. Entonces él la abraza, y ella también, y comienzan a besar el momento. No creyó que volvería a probar aquellos labios. Pensaba que aquella vez fue cosa del pasado, un espejismo en sus vidas. Y allí estaba de nuevo, a centímetros. Mientras, observaba su sonrisa entre cada beso y aquellos cerrados párpados que tan ansiaban vivir el momento. Pero.. bueno, tan solo se trata de un sueño.

7:23AM
El sonido del despertador resuena en su cabeza. Manecillas aún vibrantes le alejan de aquella carretera, y de aquellos labios. Por un momento siente nostalgia. Lamenta soñar si no puede quedar atrapado en sueños. Simula que ella son sus frías sábanas, y entrelaza su cuerpo con ese frío. 
Pero no. Debe levantarse ya. Se incorpora en su cama, y desde su nueva posición observa sus pies rozando el helado suelo. Un suelo que le recuerda que es diciembre. Acaba su fase de trance en el camino hacia la cocina. Sale del dormitorio de aquel piso alquilado, y deja atrás su cama, aún sin hacer. La única conexión hacia otro mundo, quizás, soñado. Prepara un poco de café, como es costumbre y mientras revisa sus pensamientos. El tren sale a las ocho.

7:30AM
De nuevo, entra en su dormitorio. Observa la maleta gris colocada estratégicamente contra la pared. En perfecto equilibrio permaneció durante toda la noche. Ella no se derrumbaría, en cambio, el equilibrio de él no era tan perfecto. Pero quizás encuentre estabilidad pronto. Coge los habituales vaqueros que descansan sobre el respaldo de la silla. Seguidos de éstos, está su habitual camiseta blanca. Coge una sudadera más cálida del pomo de su puerta. Termina de vestirse y firma su atuendo con unas gastadas converse negras. 

7:46AM
El iluminado botón de disponible dio lugar al de ocupado al presionar el mecanismo de llamada. Apoya nuevamente su maleta gris contra la pared del rellano. "Pesa demasiado. Lógico. Llevo una vida en una maleta." Recuerda los últimos días vividos. Las despedidas con los amigos, y familiares. Lamentablemente, no pudo despedirse de ella. No se encuentra en la ciudad, y volvería al día siguiente. Cuando él ya no estaría. La luz del ascensor ya es visible a través del translúcido cristal. Un poderoso estruendo provoca el eco entre las plantas del edificio. Observa, aterrado, detrás de él. La maleta se ha caído.

7:55AM
Saca el tícket de ida. Recoge los céntimos que la máquina escupió, y se dirige al andén. Los pensamientos del rellano se amplifican. E intenta recordar todo con exactitud. Todo lo que ha vivido en aquella ciudad. Aquellas calles que atravesó, de día y de noche, solo y acompañado. Aquellos parques que jamás volvería ver rebosar de felicidad. Aquellos árboles que lucían cada día de manera de distinta. El olor que provoca la acelerada multitud. El olor de los sueños. También imagina la cantidad de personas que habrían abandonado aquella ciudad al igual que él. Con una maleta, y un futuro incierto. Él tan solo es uno más.

8:00AM
Ya está sentado en el que será su compañero durante las próximas seis horas. Junto a la ventanilla, mira con nostalgia lo que son los últimos metros de lo que es su vida. Sus parpados parecen cansarse, y comienza a entrecerrar los ojos. Personas continúan entrando en su vagón y sentándose cerca de él. Murmuran y ríen. Esas risas nerviosas de la temprana mañana, en las que te ríes por no llorar. Sus ojos alcanzan a ver al último joven que entra al vagón cuando por fin se cierran. La misma oscuridad que encuentra en su cama, la tiene en aquel asiento. Al perder visión, no amplifica el sentido auditivo, al contrario, se sume en el silencio. El tren cierra sus puertas. Su futuro ya está decidido, pero él, no lo sabe. Duerme. Y entre esa oscuridad, comienzan a subyacer imágenes. Mira sus pies. Converse negras pisan una carretera. Entonces mira al frente. "Hola de nuevo", sonríe ella.

Palíndromo

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9.04.2011

Somos dos; y somos uno. Somos el anhelo, la añoranza de un futuro mejor. Somos la paz, la tranquilidad. Somos lo que amamos. Somos nuestros impedimentos. Soy el tiempo, y tú esa distancia. Somos nuestros textos y palabras. Somos nuestras historias. Somos nuestras menciones e indirectas en blog's. Somos los protagonistas. Los secundarios, la trama y el reparto. Eres la música, y yo soy los créditos que invierten la gravedad. Somos ese deseo de volver a vernos. Somos los silencios. Somos los susurros a centímetros. Somos esas aspiraciones de oxígeno que expulsa el otro. Somos ese momento en que acaba la película, y pasan los minutos y piensas "no...". Somos esas manos. Esos brazos y ese vello que se erizado. Esos latidos bombeando en el mismo sentido. Somos la envidia y el deseo. Somos lo prohibido. Somos esa historia que miles de escritores se mueren por contar. Somos ese cuento vivido. Esa historia que jamás creerán que sucedió. Somos inmortales. Somos esas almas que se escaparon para estar juntas. Y lo consiguieron. Somos esas almas buscadas por Dioses para devolvernos a lo común. Somos lo que salió del margen de mi libreta. Somos mis sueños hechos realidad. Somos tus pensamientos jamás imaginados. Somos un sentimiento, y los somos todos. Pero, ante todo, somos infinitos. 

El último baile.

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8.31.2011

Él se acaba de sentar en la primera silla que estuvo a su alcance. Lleva horas bailando, y  los pies le van a matar. A pesar de que habitúa a llevar ese tipo de calzado, que no van más allá de aquellos impolutos mocasines negros, esta vez no podía con ellos. Sus piernas, aún cargadas de tanto movimiento, claman que el hombre no se mueva de ahí en unos minutos, o ellas dimitirían. Está agotado.

Pero tan solo es físicamente.
Desde hace unos meses es el hombre más feliz del mundo. Nunca depositó mucha creencia en aquello de que para encontrar la felicidad, es necesaria tu otra mitad; pero desde hacía esos meses no lo veía así. Encontró a la mujer perfecta. Y aunque, ya la conocía desde hace muchos años, y siempre la vio de la misma manera, había logrado que ella cambiase su posición de rechazo, para dar paso a una más receptora. Quizás era el hecho de que, hasta hace esos meses, era viuda. Su ex-marido era un combatiente de guerra, y no se sabía nada de él desde su envío a la última misión. Superiores, temiendo lo peor, dieron el aviso de que éste había fallecido en combate, y comunicaron esta incierta noticia a su mujer. Ella, desolada, busca consuelo en el hombro más cercano, que es él. Y bueno, él tras esos años detrás de ella, no puede rechazarla y acepta ser ese hombro tan necesitado. Pasan los días y ella cambia ese hombro, por un nuevo posible marido, aunque nuestra historia aún no alcanzó ese punto.

 - Venga, Morrison, ¿dónde ha quedado tu primer puesto en el salón de baile? - se escucha entre la multitud
   que aún se contonea.
 - ¡Oh no! ¡No puedo más! ¡Otra vez será, viejo amigo! - responde nuestro protagonista.

Ella se acerca a él. Y, sin sentarse, le pregunta qué tal está. Él responde la verdad, "tan solo un poco cansado, cielo", y ambos intercambian un beso de complicidad. Él sonríe. Es feliz. Se ha acostumbrado pronto a esa felicidad sientes cuando todo está bien. Todo gira en un mismo sentido, y nada intenta cambiar el rumbo de las cosas. Para él, el sufrimiento es cosa del pasado. Ahora es su momento, en esa fiesta y en esos pasos de baile.

Un golpe supera el de la propia música. El golpe de una puerta abriéndose bruscamente al fondo de la habitación. El público asistente a la fiesta, deja de bailar para fijar su atención a la procedencia de este golpe. Todos enmudecen, y la música no es una excepción. Del umbral de la puerta emerge una silueta, aún sin rostro. Espectadores atónitos esperan a que este aguafiestas se muestre, aunque él no hace otra cosa que esperar aún en esa puerta. Pronto, comienza a dar pasos firmes por la sala, acercándose a la multitud. No, acercándose a ella. Y cuando aquellas luces, guiadas por invisibles ángeles, apuntan hacia la cara de nuestro intruso, un rostro salió a la luz. Era nuestro otro "él". El combatiente muerto.

Y entonces, las bombas explotaron en aquel laberinto de cristales, haciendo estallar todos éstos en mil pedazos; produciéndose un ruido ensordecedor. Como el que siente nuestro protagonista llegados a este punto en su interior.


Ella aún continúa junto a la silla de Morrison. El tiempo se ha detenido. Todo se ha parado. Excepto aquellos corazones, que parecieron confundir el estado del tiempo y luchar en su contra: acelerándose. Entonces sucede una de esas situaciones en que todo pasa demasiado rápido. Estas situaciones que pasan en segundos, y un amigo te cuenta durante minutos, e incluso horas. Eterno para contar, intenso para sentir.
Nuestro protagonista teme. Ella está confundida. Él amando el regreso. Ella corre hacia él. Él corre hacia ella. Ellos se encuentran en un abrazo. El abrazo dejó paso al beso. Ellos se aman. Ellos vuelven. Sus sentimientos vuelven. Lágrimas florecen de los ojos de ella, y miradas atónitas resurgen de los invitados. Y, entre tanta alegría de regreso, tanto amor, tantas horas pérdidas que ahora se recuperarían, Morrison se rompe.