#Prohibido

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8.17.2011

Me cuesta creer que algún día todas estas palabras caerán en el olvido. Jamás serán leídas por nadie, y jamás volverán a ser escritas. Los blog’s serán cerrados, las libretas desahuciadas y los bolígrafos pisoteados. Moriré, y junto a mí morirán cientos de palabras que formarían algunos textos de vital sentido para mi existencia. Cada palabra fue un sentimiento en este mundo de papel. Y es que tan solo lee esto apenas una persona, más los que curioseen esta libreta. Pero siento que es todo lo que necesito para sentirme lleno.


Y es que son días raros en nuestras vidas. Tú estás por estar, y yo estoy loco por verte cada segundo que pasa. Anhelo tu presencia, tus miradas, tus caricias, tu olor y nuestros roces. Quiero que cada día atravieses esa puerta que me separa del Mundo, y te sientes junto a mí, apoyando tu cabeza sobre mi delgado hombro. Que pasemos todas las tardes juntos sin importarnos lo rápido o lo lento que pase el tiempo. Que luchemos contra viento y marea... pero siempre juntos. Venceremos al tiempo que tanto se nos ha escapado. Pero nunca más.

No pido más que no te alejes de mí, y que te dejes llevar. No hay más impedimentos que los que tú te marques. Eres mi musa, y necesito alimentarte de palabras. Es lo que quiero, y es lo que necesitas. Déjame seguir escribiendo cada hermoso verso de mi puño para ti. Recíbelo, y guárdalo en tu corazón. Porque ahora es tuyo. No; nuestro. Dos corazones con un latir. Un mismo tic tac que perdió la cuenta de cada latido 
malgastado.


Late para mí, y te alimentaré de mis palabras.

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8.01.2011

Quizás esta sea la entrada más arbitraria que redacto. Hace tiempo ya que no escribo, y sigo sin tener ganas de publicar más aquí, pero esta tenía que hacerla. Me lo estaba pidiendo a gritos desde el momento en que lo pensé. 

 - ¿Qué hora es? - pregunta.
 - Las diez y media - respondo. 
 - ¡¡ No me jodas, tenemos que salir ya !! 

Recogimos todas las marañas de cables en un tiempo record, y echamos a correr. Es tarde, no nos va a dar tiempo de llegar, y estamos más lejos que nunca. Pero tenemos que intentarlo. 
Solos, él y yo, corriendo por todas las calles, saltando los obstáculos y esquivando a decenas de personas que nos miran con perplejidad. "Ellos no entienden nada", pienso. Pero tenemos que seguir corriendo. Da igual lo que pase, tenemos que llegar.

Evaluamos todos los caminos para llegar cuanto antes. Pronto, él piensa la ruta más corta. Al llegar a un cruce, me dice: 
 - Si cojo este camino, llegaré más rápido, y quién sabe, puede que llegue a tiempo. 

Le miro, y sonrío. No creo que llegue, pero aún así asiento, y le choco el puño, es nuestra despedida. Tan pronto como se da la vuelta, veo que echa a correr, y entonces exclamo "¡Suerte!". Sé que desearle eso no servirá de nada, pero quizás pueda dar un paso más gracias a mi aliento.

Llevábamos veinte minutos corriendo. Corrimos hasta que nuestros corazones bombearon más que sangre, pero ahora me encontraba caminando solo, sin prisas. Aún con el corazón sobre excitado, y las piernas cargadas, esperando algún otro sprint, continúo mi camino hacia casa. Estoy sudando, pero no importa. Cruzo un paso de peatones, como otro cualquiera,  y entonces continúo caminando. Al cruzar la esquina, veo a dónde he llegado.
Otra vez estoy aquí. Pero esta vez solo. Ya he tomado este camino solo y acompañado más veces desde aquel momento, pero esta vez se repetía de manera distinta.
Mi ritmo se frena por completo, y comienzo a caminar de una forma totalmente distinta a la que hacía antes. Ahora no tengo ninguna prisa por llegar, prefiero saborear este momento, pues será, como no, único. Cierro los ojos. Quiero sentir lo que tú sentiste aquel día... pero antes de cerrarlos, miro de reojo a mi izquierda. No estás ahí.
Negro. Todo lo que antes eran plantas, mesas, y sillas de bar, farolas, cielo y Mundo, ahora es Negro. Camino pese a no ver absolutamente nada. Aprieto fuerte mi mano izquierda como si estuvieras aquí, conmigo. Sé que no estás, pero me gusta imaginar que me equivoco.
Ya llevo caminados más de veinte pasos, y entonces lo siento. Estás aquí, y estás conmigo. Aprieto aún más fuerte mi mano, y entre silencios, susurro tu nombre. En aquel instante habría apostado a que me contestarías, rozando mi corazón, un "¿Qué?", y entonces te habría mirado, y estarías con tu habitual curvatura de labios, y tus ojos clavados en mi, esperando a ver qué hago, o qué digo. Me gusta que me mires, porque, aunque no pueda contenerte la mirada más de un segundo, sé que en ese momento estás pensando en mí. Al igual que yo lo hago en ti. 

Y entonces abro los ojos.
El Mundo sigue ahí.
Y tú, no estás.

When..

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7.14.2011

Cuando tú duermes, yo estoy allí. Mirándote. Junto a tu cama, en los pies, de pie. Tú intentas conciliar el sueño, evadiéndote de tus pensamientos más profundos. Das vueltas en la cama durante horas, siempre de izquierda a derecha, buscando la postura perfecta. No la postura perfecta para tu comodidad, sino la postura perfecta para olvidar. Dificilmente la encuentras, pero siempre acabas encontrándola. Y yo, en vez de dormir, te observo. Ansío poder tumbarme junto a ti en esta noche. Abrazarte, y juntos olvidar. Pero no estoy allí.

Cuando tú duermes, yo estoy aquí. Tumbado. En aquella solitaria habitación, tumbado. Intento conciliar el sueño, evadiéndome de mis pensamientos más íntimos. Doy vueltas durante eónes, siempre de derecha a izquierda, buscando la postura perfecta. No la postura perfecta para mi comodidad, sino la postura perfecta para olvidar. Y nunca la encuentro. Muchas noches sin dormir. Y tú, en vez de dormir, piensas. Te encuentras como yo. Quizás no de la misma manera, pero sí jodida. Anhelo tu olor, y tus abrazos repentinos, y tus miradas, a pesar de no poder contemplar éstas más de un segundo, por vergüenza. Eres aire, pero no estás aquí.

Cuando nosotros dormimos, el Mundo sigue ahí. Nunca para. Siempre sigue hacia delante. Con sus millones de personas, y sus millones de sentimientos. Sus millones de átomos y moléculas que forman la vida. Millones de animales continúan cazando; millones de niños continúan naciendo; y millones de ancianos y no tan ancianos continúan muriendo en esta espiral de la vida. El Mundo continúa girando para todos. Pero, ¿y para nosotros?

Cuando nosotros sentimos, el Mundo se para. Se para para nosotros. Para que podamos olvidar que todo continúa girando tras nosotros. Para que podamos saber, que estamos en otro Mundo. Cuando juntamos nuestras mandos, la vida se detiene. Mi vida se detiene. Palabras bloqueadas, ritmos arrítmicos en mi pecho, y tinta por mis venas. Para escribir los millones de textos que escribiría en ese momento. Todos para ti. ♥

Cuando nosotros recibimos un mensaje, explotamos.
Cuando nosotros vemos una foto del otro, explotamos.
Cuando nosotros escuchamos su nombre, explotamos.
Cuando nosotros pensamos, explotamos.
Cuando nosotros no pensamos, explotamos.
Cuando explotemos, estaremos juntos.

Hazte Caso.

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7.11.2011

Comenzar a leer y saber que es un texto mío por la manera de escribir. ¿Los echabas de menos?

Despertarte otra mañana y saber que no estará ahí. Que será un día más sin sus palabras, y sin su agradable compañía.
Poco a poco te vas acostumbrando a esto, aunque al principio de cada día piensas si habrá algo distinto o no. Quizás haya un par de palabras que te dedique... Quizás puedas no sentirte tan vacío ese día por algo que ocurra. Aunque tienes la certeza de que eso no sucederá.

Y esto son tan solo unas palabras para hacértelo saber. Y que después de uno de tus sueños, me levanté y volví a sentir todo lo que había conseguido olvidar de golpe. Y que, además, hoy es 11.

Memories.

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6.02.2011

Y hoy, me hicieron la pregunta que temí responder desde hace tiempo: "¿Te acuerdas de él?".
No suelo preguntarme eso a mí mismo, pero sí es cierto que en más de una ocasión lo hice.
Recuerdo que una mañana, me levanté. Seguí con mi rutina diaria que no iba más allá del desayuno, lavarse, vestirse... y de repente, como si yo no hubiese decidido pensarlo, ese pensamiento atravesó mi mente causándome una gran parálisis. No recuerdo su voz - pensé.

¿Cómo podía haberla olvidado? Hacía ya tres años que no hablaba con él... pero tenía gran cantidad de recuerdos almacenados, y, aún así, no podía recordar su voz.
Nunca pensé que algo tan simple, y... normal pudiese llegar a afectarme tanto.

Mientras, allí me encontraba yo frente a esa pregunta formulada por alguien, no por mí. "No, apenas le recuerdo"- dije. Mentí. Claro que le recordaba, ¿cómo olvidarle? Pero... el hecho de no poder recordar su voz hacía que me sintiera tan miserable que desearía no recordar absolutamente nada de él. Le había fallado. Y es que, si no recordamos a los muertos, es como si nunca hubiesen existido.