“Pues al escribir no te dejes influenciar por si enganchará a tus lectores o no. Piensa que no hay nadie ahí fuera que te lea. Y que tú eres el único dueño de tus palabras. Que cuando tú lo lees una y otra vez sepas qué es lo que sientes. Y quizás entonces, cuando alguna persona lo lea, le gusta porque se sienta identificada, o simplemente... porque le cause profundidad.”
17 de Agosto
Soñado por M a las 4:04 0 comentarios8.19.2011
11 años después.
Revisando viejas libretas, encuentra una. El libro verde – piensa. Hace años que no sé de él, ni de su contenido. Supongo que será gracioso echar un vistazo. ¡Oh sí! Recuerdo aquella época. Podría haber escrito cualquier cosa que me hubiera pasado. Haberla descrito con tal precisión y midiendo con tal exactitud las palabras, que hasta un robot habría sentido amor en mis palabras. Podría haber resuelto guerras, reconciliado enemigos, y separado a hermanos si en mi pluma hubieran estado mis pensamientos. Pero recuerdo que no hice nada de eso, y que me limité a escribirme. Y no lo escribía para mí, ni tampoco para ellos. Lo escribía para la tercera persona del singular en femenino. Porque era todo lo que ambos necesitábamos; porque ambos lo queríamos y hasta ese momento, no nos habíamos dado cuenta realmente del valor de las palabras. Abre una de las páginas del verde, y encuentra uno. El ocho. Ya ha habido un ocho, pero este era distinto, era de su libreta. Entonces, comienza a leer...
*Estimado lector: antes de comenzar su lectura debo advertirle que este texto, no es como otro anterior. Este texto está medido. Quiero decir, cada palabra de cada frase de este texto está elegida con total precisión. En algunos casos, encontrarás frases de dudoso significado (desordenadas...), no es para otra cosa más que conseguir la atención del lector. Cierra todos los programas de tu ordenador, y céntrate en el texto.
Él yace sobre su lecho. Está exhausto, tuvo los sueños más extraños e insólitos de su corta vida, y no fueron de su agrado. No quería volver a sumergirse en el mundo de los sueños. Se reafirma en su cama, y enciende de nuevo el móvil. Conecta el aparato a alguna red social, y husmea entre las almas que permanecen acechando en la noche conectados, buscándola a ella. Una vez más, su ausencia hace notable la lista. Aunque hubiera vislumbrado su nombre entre tantos, no habría sabido qué decir, o qué contarle. Pero... no importaba. En otro nombre, desahoga su mente, diciendo: “me gustaría; no, necesito verla mañana, o... que me llame ahora”. Deambula aún titubeante por la habitación, cuando la música invade cada recóndito espacio. “Untitled#10”, piensa. “Nunca dejará de erizarme.” Un nuevo mensaje llega a su buzón. El escrito por el que habría renunciado a algo con tal de leerlo.
Juntos seleccionan de entre tantas alguna película, no es la película lo que hay que ver. Al comienzo de ésta, el intercambio de palabras entre ambos era notable. La necesidad de escuchar las cuerdas del otro era deseo, y era imprescindible el uso de ellas en este momento. De esta manera, fueron transcurriendo los pocos minutos que hacían necesaria esta fase, para adentrarse en una nueva. Poco a poco los silencios van siendo más comunes. Aunque no solo dominan los silencios. Poco a poco, vamos sincronizando nuestros parpadeos, pues ya dejamos de hacerlos. Cerramos los ojos para ver lo que no se ve, y nuestros globos oculares se han trasladado ahora hasta las yemas de nuestros de nuestros. Y vienes a mí en el mejor momento para susurrarme las palabras prohibidas. Las mismas que unieron a personas, y las alejaron; por las que vivieron y por las que mataron. Y entre suspiros, me aferro más a ti. Mis susurros preguntan si es un sueño lo transcurrido. Pues me estaría equivocando en lo de no querer volver a soñar. Pellizcas. Tus dedos se caen por mi cuello, haciéndome vivir la realidad. Aunque no pueda verte, sé que estás sonriendo. E imagino la inmensa curvatura de la que tanto me enamoré. La más sincera que hayan podido ver mis ojos. Y sonrío junto a ti. Tu sonrisa separa el Mundo. Tu mano, ahora convertida en gaviota, se posa sobre la más cercana rama: mi pecho. Mi corazón. Y concentras tu sentir en mis latidos. Respiro más profundamente, para que sientas como mi tórax es invadido. Aquellas partículas del aire, ahora disfrazadas de guerreras que penetran en mi ser, asaltando el castillo llamado pulmón, y, temiendo la derrota, abandonan de nuevo cada yarda despacio, para volver a dejar sitio a nuevos combatientes. Para que sientas vida. Para que sientas Mi Vida. La tienes ahora en tus manos. Cada susurro brindado, ha sido regalado gracias a eso que ahora bombea para ti a mil. Apartemos el pensar, para comenzar a sentir.
Límite de tiempo cumplido, piensa. No es felicidad lo que sienten nuestros personajes llegados a este punto de la historia. Una vez cerrada la puerta, vuelve sobre sus pasos. Los pensamientos se alejaron de su cabeza, para dejarle paso a un sentimiento de felicidad que recubriría todas las partes de su cuerpo; incluida mente. Atraviesa el umbral de la puerta, cabizbajo. Y al levantar la mirada y dirigirla de manera global a la habitación, visualiza el espacio, en el que hace pocos minutos, había transcurrido todo. Aún están las almohadas en su sitio... Desde el mismo marco de la puerta, observa ese lugar, ahora, mágico.
En cada latido, vivimos. En cada caricia, morimos.
#Prohibido
Soñado por M a las 16:04 0 comentarios8.17.2011
Me cuesta creer que algún día todas estas palabras caerán en el olvido. Jamás serán leídas por nadie, y jamás volverán a ser escritas. Los blog’s serán cerrados, las libretas desahuciadas y los bolígrafos pisoteados. Moriré, y junto a mí morirán cientos de palabras que formarían algunos textos de vital sentido para mi existencia. Cada palabra fue un sentimiento en este mundo de papel. Y es que tan solo lee esto apenas una persona, más los que curioseen esta libreta. Pero siento que es todo lo que necesito para sentirme lleno.
Y es que son días raros en nuestras vidas. Tú estás por estar, y yo estoy loco por verte cada segundo que pasa. Anhelo tu presencia, tus miradas, tus caricias, tu olor y nuestros roces. Quiero que cada día atravieses esa puerta que me separa del Mundo, y te sientes junto a mí, apoyando tu cabeza sobre mi delgado hombro. Que pasemos todas las tardes juntos sin importarnos lo rápido o lo lento que pase el tiempo. Que luchemos contra viento y marea... pero siempre juntos. Venceremos al tiempo que tanto se nos ha escapado. Pero nunca más.
No pido más que no te alejes de mí, y que te dejes llevar. No hay más impedimentos que los que tú te marques. Eres mi musa, y necesito alimentarte de palabras. Es lo que quiero, y es lo que necesitas. Déjame seguir escribiendo cada hermoso verso de mi puño para ti. Recíbelo, y guárdalo en tu corazón. Porque ahora es tuyo. No; nuestro. Dos corazones con un latir. Un mismo tic tac que perdió la cuenta de cada latido
malgastado.
Late para mí, y te alimentaré de mis palabras.
Back Home.
Soñado por M a las 2:35 0 comentarios8.01.2011
Quizás esta sea la entrada más arbitraria que redacto. Hace tiempo ya que no escribo, y sigo sin tener ganas de publicar más aquí, pero esta tenía que hacerla. Me lo estaba pidiendo a gritos desde el momento en que lo pensé.
- ¿Qué hora es? - pregunta.
- Las diez y media - respondo.
- ¡¡ No me jodas, tenemos que salir ya !!
Recogimos todas las marañas de cables en un tiempo record, y echamos a correr. Es tarde, no nos va a dar tiempo de llegar, y estamos más lejos que nunca. Pero tenemos que intentarlo.
Solos, él y yo, corriendo por todas las calles, saltando los obstáculos y esquivando a decenas de personas que nos miran con perplejidad. "Ellos no entienden nada", pienso. Pero tenemos que seguir corriendo. Da igual lo que pase, tenemos que llegar.
Evaluamos todos los caminos para llegar cuanto antes. Pronto, él piensa la ruta más corta. Al llegar a un cruce, me dice:
- Si cojo este camino, llegaré más rápido, y quién sabe, puede que llegue a tiempo.
Le miro, y sonrío. No creo que llegue, pero aún así asiento, y le choco el puño, es nuestra despedida. Tan pronto como se da la vuelta, veo que echa a correr, y entonces exclamo "¡Suerte!". Sé que desearle eso no servirá de nada, pero quizás pueda dar un paso más gracias a mi aliento.
Llevábamos veinte minutos corriendo. Corrimos hasta que nuestros corazones bombearon más que sangre, pero ahora me encontraba caminando solo, sin prisas. Aún con el corazón sobre excitado, y las piernas cargadas, esperando algún otro sprint, continúo mi camino hacia casa. Estoy sudando, pero no importa. Cruzo un paso de peatones, como otro cualquiera, y entonces continúo caminando. Al cruzar la esquina, veo a dónde he llegado.
Otra vez estoy aquí. Pero esta vez solo. Ya he tomado este camino solo y acompañado más veces desde aquel momento, pero esta vez se repetía de manera distinta.
Mi ritmo se frena por completo, y comienzo a caminar de una forma totalmente distinta a la que hacía antes. Ahora no tengo ninguna prisa por llegar, prefiero saborear este momento, pues será, como no, único. Cierro los ojos. Quiero sentir lo que tú sentiste aquel día... pero antes de cerrarlos, miro de reojo a mi izquierda. No estás ahí.
Negro. Todo lo que antes eran plantas, mesas, y sillas de bar, farolas, cielo y Mundo, ahora es Negro. Camino pese a no ver absolutamente nada. Aprieto fuerte mi mano izquierda como si estuvieras aquí, conmigo. Sé que no estás, pero me gusta imaginar que me equivoco.
Ya llevo caminados más de veinte pasos, y entonces lo siento. Estás aquí, y estás conmigo. Aprieto aún más fuerte mi mano, y entre silencios, susurro tu nombre. En aquel instante habría apostado a que me contestarías, rozando mi corazón, un "¿Qué?", y entonces te habría mirado, y estarías con tu habitual curvatura de labios, y tus ojos clavados en mi, esperando a ver qué hago, o qué digo. Me gusta que me mires, porque, aunque no pueda contenerte la mirada más de un segundo, sé que en ese momento estás pensando en mí. Al igual que yo lo hago en ti.
Y entonces abro los ojos.
El Mundo sigue ahí.
Y tú, no estás.
Otra vez estoy aquí. Pero esta vez solo. Ya he tomado este camino solo y acompañado más veces desde aquel momento, pero esta vez se repetía de manera distinta.
Mi ritmo se frena por completo, y comienzo a caminar de una forma totalmente distinta a la que hacía antes. Ahora no tengo ninguna prisa por llegar, prefiero saborear este momento, pues será, como no, único. Cierro los ojos. Quiero sentir lo que tú sentiste aquel día... pero antes de cerrarlos, miro de reojo a mi izquierda. No estás ahí.
Negro. Todo lo que antes eran plantas, mesas, y sillas de bar, farolas, cielo y Mundo, ahora es Negro. Camino pese a no ver absolutamente nada. Aprieto fuerte mi mano izquierda como si estuvieras aquí, conmigo. Sé que no estás, pero me gusta imaginar que me equivoco.
Ya llevo caminados más de veinte pasos, y entonces lo siento. Estás aquí, y estás conmigo. Aprieto aún más fuerte mi mano, y entre silencios, susurro tu nombre. En aquel instante habría apostado a que me contestarías, rozando mi corazón, un "¿Qué?", y entonces te habría mirado, y estarías con tu habitual curvatura de labios, y tus ojos clavados en mi, esperando a ver qué hago, o qué digo. Me gusta que me mires, porque, aunque no pueda contenerte la mirada más de un segundo, sé que en ese momento estás pensando en mí. Al igual que yo lo hago en ti.
Y entonces abro los ojos.
El Mundo sigue ahí.
Y tú, no estás.
When..
Soñado por M a las 2:34 0 comentarios7.14.2011
Cuando tú duermes, yo estoy allí. Mirándote. Junto a tu cama, en los pies, de pie. Tú intentas conciliar el sueño, evadiéndote de tus pensamientos más profundos. Das vueltas en la cama durante horas, siempre de izquierda a derecha, buscando la postura perfecta. No la postura perfecta para tu comodidad, sino la postura perfecta para olvidar. Dificilmente la encuentras, pero siempre acabas encontrándola. Y yo, en vez de dormir, te observo. Ansío poder tumbarme junto a ti en esta noche. Abrazarte, y juntos olvidar. Pero no estoy allí.
Cuando tú duermes, yo estoy aquí. Tumbado. En aquella solitaria habitación, tumbado. Intento conciliar el sueño, evadiéndome de mis pensamientos más íntimos. Doy vueltas durante eónes, siempre de derecha a izquierda, buscando la postura perfecta. No la postura perfecta para mi comodidad, sino la postura perfecta para olvidar. Y nunca la encuentro. Muchas noches sin dormir. Y tú, en vez de dormir, piensas. Te encuentras como yo. Quizás no de la misma manera, pero sí jodida. Anhelo tu olor, y tus abrazos repentinos, y tus miradas, a pesar de no poder contemplar éstas más de un segundo, por vergüenza. Eres aire, pero no estás aquí.
Cuando nosotros dormimos, el Mundo sigue ahí. Nunca para. Siempre sigue hacia delante. Con sus millones de personas, y sus millones de sentimientos. Sus millones de átomos y moléculas que forman la vida. Millones de animales continúan cazando; millones de niños continúan naciendo; y millones de ancianos y no tan ancianos continúan muriendo en esta espiral de la vida. El Mundo continúa girando para todos. Pero, ¿y para nosotros?
Cuando nosotros sentimos, el Mundo se para. Se para para nosotros. Para que podamos olvidar que todo continúa girando tras nosotros. Para que podamos saber, que estamos en otro Mundo. Cuando juntamos nuestras mandos, la vida se detiene. Mi vida se detiene. Palabras bloqueadas, ritmos arrítmicos en mi pecho, y tinta por mis venas. Para escribir los millones de textos que escribiría en ese momento. Todos para ti. ♥
Cuando nosotros recibimos un mensaje, explotamos.
Cuando nosotros vemos una foto del otro, explotamos.
Cuando nosotros escuchamos su nombre, explotamos.
Cuando nosotros pensamos, explotamos.
Cuando nosotros no pensamos, explotamos.
Cuando explotemos, estaremos juntos.
Cuando tú duermes, yo estoy aquí. Tumbado. En aquella solitaria habitación, tumbado. Intento conciliar el sueño, evadiéndome de mis pensamientos más íntimos. Doy vueltas durante eónes, siempre de derecha a izquierda, buscando la postura perfecta. No la postura perfecta para mi comodidad, sino la postura perfecta para olvidar. Y nunca la encuentro. Muchas noches sin dormir. Y tú, en vez de dormir, piensas. Te encuentras como yo. Quizás no de la misma manera, pero sí jodida. Anhelo tu olor, y tus abrazos repentinos, y tus miradas, a pesar de no poder contemplar éstas más de un segundo, por vergüenza. Eres aire, pero no estás aquí.
Cuando nosotros dormimos, el Mundo sigue ahí. Nunca para. Siempre sigue hacia delante. Con sus millones de personas, y sus millones de sentimientos. Sus millones de átomos y moléculas que forman la vida. Millones de animales continúan cazando; millones de niños continúan naciendo; y millones de ancianos y no tan ancianos continúan muriendo en esta espiral de la vida. El Mundo continúa girando para todos. Pero, ¿y para nosotros?
Cuando nosotros sentimos, el Mundo se para. Se para para nosotros. Para que podamos olvidar que todo continúa girando tras nosotros. Para que podamos saber, que estamos en otro Mundo. Cuando juntamos nuestras mandos, la vida se detiene. Mi vida se detiene. Palabras bloqueadas, ritmos arrítmicos en mi pecho, y tinta por mis venas. Para escribir los millones de textos que escribiría en ese momento. Todos para ti. ♥
Cuando nosotros recibimos un mensaje, explotamos.
Cuando nosotros vemos una foto del otro, explotamos.
Cuando nosotros escuchamos su nombre, explotamos.
Cuando nosotros pensamos, explotamos.
Cuando nosotros no pensamos, explotamos.
Cuando explotemos, estaremos juntos.
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